La tuna pasea bajo mi ventana sin más honor que la casualidad. Sus canciones me hacen pensar en jóvenes promiscuas; arrepentidas llorosas.
La mocitas promiscuas, a fuerza de complacientes, saben qué decir bajo las mantas, entre sus labios, sobre sus penes, saben decir qué grande la tienes, qué hondo me alcanza, qué bien me follas y me follas como nadie. Y a Arturo se lo dicen siempre; se lo dicen todas. Se lo susurran al oído, lo gimen, lo jadean; algunas lo gritan.
El glande de Arturo, que es humano, espera esta letanía impaciente y con ella se hinche y crece rosado, tenso, brillante, divino.
Pero Alicia era virgen. Le dijo a Arturo que era el primero. Y cuando ella grita entregada que él folla mejor que nadie el pene de Arturo queda reducido a dos centímetros de pellejo a los que Alicia intenta disculpar cada noche:
—No importa; ocurre con frecuencia… De verdad que no es la primera vez que lo veo.

Bendita inspiración!! Yo hace rato q estoy de capa caída… Muy bueno, como siempre!!
Circe, lo tuyo no fue ni la capa ni la inspiración.
Estoy deseando que reabras el chiringuito, aunque cuento con que lo cambies de plaza.
Besos
Este texto me hace honor como al que más.
Bss; es un placer, nunca mejor dicho, volver a leerte.