Me llamo Felipe

Hola; me llamo Felipe.

Sé que la mayoría de vosotros me conocéis. Y vosotras. A lo mejor hasta me veíais desde la cabina telefónica que usabais los sábados para llamar a la emisora local de radio y dedicar una canción, probablemente infantil, de Enrique y Ana o Parchís, a vuestra mamá, que os quiere de verdad, sin entender que ella hubiera preferido algo de Diango, Roberto Carlos o Camilo Sesto. Es posible que desde esta cabina, digo, alcanzarais a ver mi poster prometiendo un cambio. Mi mirada, que alcanzaba lo conocido y lo desbordaba, como si yo supiera más, como si supiera mejor que otros, os recordaría, quizás, al padre de perfectas dotes disciplinarias que nunca estaba en casa porque alguien tiene que trabajar para compraros las bicis que tanto queréis. Quién sabe ni no soñaríais: cuando sea mayor votaré a Felipe, amigo de los obreros, para que mi papá, además de comprarme la bici, esté en casa para enseñarme a montarla.

Y si alguien me eximió de toda culpa cuando mi gabinete resultó igual que el resto, cuando Roldán se dio a la fuga, cuando el hermano de Guerra nos sacó los colores, cuando aparecieron aquellos primeros contratos basura —ante todo hay que innovar; reciclarse o morir— lo sé, fuisteis vosotros, que crecisteis creyendo en mí y seguisteis creyendo más allá de la paciencia de vuestros padres porque mi mensaje de honestidad, de político incorruptible, era intrínseco a vuestro conocimiento de la naturaleza humana y, por su puesto, de la política.

E incluso ahora, cuando se alzan unas cuantas voces quejumbrosas esparciendo sus miserias por capitales de provincias protestando porque la clase política tiene asegurada esa pensión desorbitada, sé que mi pensión, mis privilegios no os perturban, que los consideráis bien merecidos.

Que no os perturba que no asista a impedir desahucios de señoras jubiladas con una pensión de mierda —que hubiera trabajado hasta los 67, ¿no te jode?— ni que me retire a Honolulu  con todos mis ahorros porque, en fin, vuestros no los consideráis, ¿verdad?

Advertisement

5 pensamientos en “Me llamo Felipe

    • Esto que dices de que cumplió con su cometido me resulta muy interesante, además de acertado. Quizás hay que dejar marchar a todos una vez concluye su período de utilidad… Dejar marchar a los humanos para que sean buitres en otro lugar. Hum… Y además trae una pregunta a mi mente: ¿Where is Peter? [Fringe]

  1. Pingback: La muerte de los malkarmáticos | Pobre de espíritu

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s