Un beso muy grande…

Colecciono los besos que me envías. Los que son muy grandes los recorto; los doblo muchas veces, hasta hacer un bultito pequeño que quepa en el bolsillo más escondido de mis vaqueros.

Les cogí gusto enseguida y les encontré mil usos: de gabardina cuando llueve y de jersey si hace frío, de colorete para mi cara, de silla cuando me canso, de mapa si no sé dónde estoy, de tapita entre comidas, de gota que colma el vaso, de red si salto y, si me hago daño, de tirita.

El de esta mañana ha llegado justo a tiempo y me ha servido de sombrilla, de amuleto, de semáforo en verde para cruzar pronto, de paso de cebra para llegar sana y salva, y de sal en la mesa. Creo que esta noche será mi almohada y mañana lo untaré en las tostadas.

Es una pena que, al meterles tanta caña, me duran muy poco (y algunos han acabado en la lavadora por accidente). Así que, ¿cuándo podrás mandarme otro?

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