Abrumada

No está ahí por la noche, pero lo cubre todo por la mañana. Es lo primero que veo. La bruma lo empaña todo; la bruma y mi cobardía.

Me instiga a cubrirme los poros; respirar despacio; mantener la vista baja; callar palabras; ser sólo medio yo y olvidar mi otra mitad.

Camino con los dedos estirados y el corazón encogido por el miedo al tacto que pueda encontrar. Sólo adivino los contornos en esta ceguera blanca. Busco, con los párpados cerrados, el lugar por el que ha de salir el sol, esperando sentir su calor, y rogarle por la disipación de la bruma que me encierra.

Pienso en El amor es ciego de Boris Vian. La niebla sensual no se acuesta en este valle. No habrá accidentes en el orden del deseo. Si tengo suerte sólo se levantará, dejándome otra vez con la vista blanda, la que me deja ver sólo lo que quiero, la que mejor me engaña.


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