Bitácora de viaje

Te echo de menos pero he descubierto muchos lugares interesantes.

Hay un sitio que al principio no me pareció gran cosa; de hecho no planeaba visitarlo. Se llama Cambio. Sabes que soy muy intransigente en mi idea de lo que es justo y lo que no, pero obligada a a perderme en las calles de este lugar extraño, me di cuenta de que, a veces, cuando damos el brazo a torcer, no duele tanto; lo cierto es que no me ha dolido nada y, mientras tanto, por fin he aprendido a ser paciente de verdad. Se debe a que según salí de Cambio decidí pasar una temporadita en Resignación, que tiene muy mala fama y, sin embargo, está dotada de las vistas más bonitas que he visto en mucho tiempo. Es dramática la forma en que su mar de Las Dudas rompe contra las rocas en el único metro de costa, de horizonte abierto, que posee.

Ayer me metí en una tiendecita cuyo escaparate me llamó la atención mientras paseaba por Esperanza, y que estaba rebosante de todo lo que a ti y a mí nos gusta. No pude evitar comprar tu regalo de cumpleaños pese a la enorme antelación. También compré para mí una caja de Fe, de esa que se me acabó hace años, y dos kilos de Buena Suerte. Sé que ésta última no es en realidad necesaria y que engorda muchísimo, pero me dije que estaba bien tenerla para echarla al café de los domingos.

Al volver a casa he descubierto que tú aún seguías fuera y entonces he recordado que  también estás de viaje; un viaje más largo que el mío. Ha comenzado a llover de inmediato y no parece que vaya a cesar en mucho tiempo. Me encuentro ahora mismo atrapada tras la ventana, recordando cómo no me habría importado calarme hasta los huesos al volver de mi última escapadita. Hoy sí. Estoy atrapada tras una cortina de agua, con un brazo torcido que comienza a dolerme y cuyo dolor no se irá ni con fe ni con buena suerte. No he aprendido nada de mis viajes. Tampoco de tu ausencia.

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Un pensamiento en “Bitácora de viaje

  1. Ya te responderé a esto como es debido…

    Que no ha aprendido nada, dice ella tan tranquila… Ya.

    Acuérdate de que no llueve todos los días. Y tampoco te olvides de que eres un puerto, un mundo, y una risa contagiosa.

    Besitos

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