El día de los enamorados, que no es tal

Ahora todos lo llaman San Valentín y es el día del amor, de cualquier clase. Antes era el día de los enamorados… Y aquí lo sigue siendo porque no me imagino haciéndole un regalo el 14 de febrero a ningún miembro de mi familia, por mucho que yo les quiera y ellos a mí (creo), sin que alguno de ellos diga: “Mira, Jaute, se acabó. Ya mismo te vas a ver a un psicoterapeuta”.

Mi primer y último “casi-regalo” de San Valentín me fue entregado el 15 de Febrero de 1989 desde debajo del balcón de mi dormitorio y tuve que estirarme hasta un punto doloroso para alcanzarlo de la mano de quien me lo entregaba, Pedro, mientras le oía decir: “No es un regalo de enamorados con retraso, ¿eh?, no te vayas a creer que aún no me he enterado de que pasas de mí. Es que he oído que a ti te gustan estas cosas y como tenía uno…”. Esa cosa que Pedro no me regaló por San Valentín era un libro que, por cierto, si que es verdad que me gustan, y que parecía haber salido a regañadientes de la biblioteca municipal superando el plazo legal (vaya con Pedro) y que estaba lleno de marcas en rojo que coincidían, curiosamente, con los vocablos para los que Pedro habría necesitado un diccionario. Amores no requeridos, cuyo autor no recuerdo y cuya aburrida lectura me impide dedicarme a la tarea de investigar en internet para proporcionarlo aquí, fue un auténtico tostón para mí y si lo terminé fue sólo a fuerza de disciplina (hay que acabar lo que se empieza). Por si no queda claro: fue casi peor que Dios vuelve en una Harley.

Nunca he vuelto a recibir nada ni remotamente relacionado con este día, y eso que yo me paso el año entero enamorada. Normalmente me encuentra esta fecha solterísima y viéndomelas venir, pero durante un extraño, aunque poco meritorio, paréntesis de siete años, me encontró no ya con novio sino con compañero. Eso sí: uno muy práctico que se me ligó en pleno mayo y que para el febrero siguiente ya me había enseñado él el arte del amor verdadero, ese que no pide nada a cambio: “¿Quieres celebrar San Valentín, cielo? Ya sabes que es una excusa de los comerciantes para que gastes dinero en chorradas… Pero si te hace ilusión demostrarme cuánto me quieres me la comes y yo me doy por enterado”.

No, no me fastidia no celebrarlo; a esto si que estoy yo acostumbrada… Lo que planteo aquí es lo siguiente: Si los enamorados hasta la médula y correspondidos no necesitan fecha, si los enamorados no correspondidos no pueden celebrarla y los enamorados (o no tanto) con pareja saben ya que es un truco de joyería, ¿quién celebra San Valentín? Y he llegado a una conlusión: lo celebran los valientes como mi amigo que, aunque siempre anda enamorado de tías que pasan de él, aprovecha la ocasión para declarar su amor incondicional (aunque no eterno pues el objeto de su deseo cambia cada año) y recibir así una negativa rotunda que le ayude a superarlo y superarse a sí mismo el año que viene.

¿Cómo está todo esto relacionado con el amor? No lo sé. ¿Cómo sabiendo todos que es el amor lo que debería ser para siempre toleramos que nos digan que un diamante es para siempre y que el amor dura lo que dura dura? No lo sé. ¿Cómo es posible que un trozo de materia inerte, por mucha luz que refleje,  sea el mejor amigo de una chica? Esta sí que no me la imagino…

web tracker

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s