Inercia

Caigo por inercia.

Lástima. Habría decorado la euforia con flores de rojo rabioso; pero no he tenido tiempo.

La inercia y la gravedad tan elementales y aún sin comprender, misteriosas siempre a mi pobre cerebro.

¿Es que no hay abrazo que amortigüe mi caída?

No hay labios que puedan mecerme en el vacío; no hay sexo capaz de alterar esta química; no hay palabra que sirva de consuelo; no hay sol que ilumine el fondo; ni lluvia que lo empape; ni ser que lo habite.

Es que no hay abrazo que amortigüe mi caída. Y tampoco importa pues es más dura la certeza de ésta que el golpe contra el suelo.

Sentiré cómo todos mis huesos se quebrantan hasta encajar de nuevo en su sitio.

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