Inexorable Facebook

Delphine me mandó una invitación en agosto de 2007. Lo recuerdo porque estuve de baja por seis semanas y ese era el motivo por el que ella se decidió — Hola, Jaute. Métete aquí y así te entretienes mientras estás de baja… Tienes muchas fotos que subir : b

Ya había recibido y aceptado alguna invitación para Hi5, que nunca terminó de gustarme… Yo era, por aquel entonces, muy tradicional: estaba conectada con el mundo exterior pero no tangible mediante Messenger; me daba vergüenza “compartir un mensaje rápido” (Jaute está hasta los…) y el simple hecho de permitir que se mostrara qué música escuchaba en el Windows Media Player me parecía tanto un atentado contra mi intimidad como una imposición informativa contra mis contactos. Y mis contactos, dicho sea de paso, eran los amigos que dejé en España y familiares. En otras palabras: yo usaba el Messenger, y sólo el Messenger, para preguntarle a la familia qué deseaban recibir por Navidad o por sus cumpleaños.

La invitación de Delphine la acepté porque venía de ella. Me sorprendió ver que allí estaban metidos la mayoría de mis amigos y compañeros de trabajo; estaba incluso aquel chaval que tanto me gustaba y que tan reservado me había parecido siempre. Obviamente su reserva sólo tenía lugar conmigo, posiblemente era su forma de defenderse de mi acoso pasivo… En cualquier caso, hice a todos saber que yo también me había anexionado y pronto comencé a tener conversaciones con ellos mucho más personales que en la vida real mediante el intercambio de sutilísimos mensajes en muros y status.

Era muy entretenida la elaboración del perfil que permitiese que todos los contactos viesen lo muy especial que es una y me quedé de piedra el día que encontré en un despacho de prensa del aeropuerto de Heathrow una revista llamada Facebook. En su titular podía leerse “Cómo construir un perfil de primera”; y, en letra más pequeña (por supuesto que me acerqué a leerlo, ya he dicho que me impactó semejante descubrimiento): “Te desvelamos todos los trucos para que tu perfil sea único”. Supongo que tras leer esto me di cuenta…

Me di cuenta de que nadie busca la comunicación en sí, sino demostrar que no somos como el resto, que somos mejores, más originales, especiales, auténticos. Facebook es un “pero es que yo…” que alcanza masas y no sólo a los amigos que, de todos modos, ya deben saber lo muy guay que es uno.

A mí, personalmente, me fascinan las fotos de hombres y mujeres con cuerpos perfectos en paños menores que encuentro cuando cometo la locura de participar en alguna actividad social (aplicación) que me arrastra fuera del círculo de amigos inmediatos. Me pregunto el motivo de semejante exhibición. ¿Será por aquello de que “lo que han de comerse los gusanos que lo vean antes los humanos”?

Pero lo que me intriga de verdad son los clubes de fans: me parece razonable que alguien se declare fan de actores, directores, músicos, escritores, incluso fan de Joscuro, La hiji, La Paca y hasta de Dormir 5 minutos más. Pero cómo se puede ser fan de Yo también odio que me llamen cuando estoy durmiendo y me despierten. ¿No es una contradicción? Y, ¿conocemos a alguien a quien le encante que le hagan semejante faena?

De vez en cuando, alguno de mis contactos me dice que se va a dar de baja porque se quiere dedicar a otra cosa. No me soprende: jamás se me ocurriría dedicarme a Facebook. Sí, ya sé que no me lo tomo lo suficientemente en serio. Soy algo dejada…

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