Recuento

No va de hombres ni de sexo, lo siento. Va de años.

Mañana cae uno más y lo celebraré esta noche. Sí, lo celebraré como si llegar a los 35 tuviese algo que ver con el placer… Bueno, los 35 no, pero cumpliendo, cumpliendo… Alguno ha caído; no, no hablo de años.

Es extraño contemplarse en el espejo, sin vanidad pero con toda la curiosidad. Me pregunto dónde está aquella jovencita que a los 20 creía que podría vivir la vida, el resto de su vida, condicionada sólo por su edad, por esos 20 y ni uno más. Supongo que alguno de mis conocidos se atrevería a decir que esa jovencita sigue estando presente y que sólo parece ahora algo más taimada. Es posible y, entonces, si es más cauta, ya no es ella.

No estoy triste, ni si quiera me molesta un poquito hacerme mayor. Me molesta que se me note, eso sí. Pero tampoco se me nota tanto, ¿verdad?

Planeando la fiestecita de esta noche me di cuenta de que la última edad que celebré bien (más allá de una cena con suegros que juzgaban mi rico acento, lleno de todas las consonantes y con vocales que parecen sonrisas, como una barrera que me aislaba de su sociedad inglesa, y un novio alcohólico cuyo consumo debía ser vigilado y cotejado con el de los demás presentes) fueron mis 25.

Hace 10 años que aprender la vida y pasar el examen final de cada curso no merece mi atención.

Mis fiestas de cumpleaños eran famosas por el estado lamentable en el que yo terminaba y lo bien que se lo pasaban mis amigos con mi desinhibición.

Los 18: me vino la regla y los dolores me mataban así que mi amiga Inma me procuró un par de analgésicos que yo tragué, la verdad es que sin darme cuenta, no a propósito, con el Martini que tenía en la mano en aquel momento. Parece ser que aquella noche me declaré a unos cuantos. Era un pueblo pequeño, así que…

Los 20: alguien propuso que yo dejase de ser tequila-virgen. Compraron todo el material necesario para mi ceremonia de iniciación, pero hicimos corto de limones y hubo que terminar con mandarinas. Todavía era yo algo impaciente por aquel entonces y, después de dos tequilas seguidos, no encontrándome ebria, seguí con otros tres. No llegué al pastel.

Los 22 y 23: vuelta a los Martini (jamás he vuelto a tomar tequila) en el karaoke. Con vídeos que demuestran que no sé cantar pero canto igualmente y, además, me contoneo al ritmo de la música. Al final de una de esas dos fiestas tras yacer en el suelo, mientras Dani saltaba sobre mí (también iba fino), y después de que Juanma (constante invariable) me ayudase a levantarme con la ayuda de Albert, logré convencer al propietario del karaoke, que acababa de barrernos fuera del local, de que yo era merecedora, por cumpleañera, de que me acercase a mí y a mis amigos a casa. Me gustó mucho la idea de ser tan persuasiva incluso en semejante estado. Lo cierto es que, según me hicieron saber al día siguiente, el transporte fue garantizado por la solemne promesa que Albert y Juanma le hicieron al conductor: “Sí, prometemos que, a la más leve señal de vomitona, abrimos las puertas y la tiramos del coche”.

Para el resto, dos celebraciones más, yo ya había aprendido a controlar mi intolerancia al alcohol mediante la sabia técnica de no beber más de una cerveza por hora, lo que demuestra que, con algunas piedras, sí que dejo de tropezar.

Con otras no. Supongo que es en esos momentos cuando todos, yo incluida, reconocemos a la jovencita. Había pensado deshacerme esta noche de ella. Había planeado su final: convencerla de que sufre una enfermedad degenerativa y que ha de retirarse a morir con dignidad; pedirle a alguien que me ayude a estrangularla en un abrazo; condenarla al ostracismo y animarla al suicidio. Pero he cambiado de opinión. Siento compasión por ella; o ella por mí.

regalo-de-joscuroJoscuro volvió a regalarme memoria

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7 pensamientos en “Recuento

  1. Y que caigan muchos mas… Años y lo que no son años 😉
    Ahora va a resultar que el secreto de su belleza era que se conserva en alcohol… Si, vale, ya se que no te he visto, pero mejor imaginarte así que como a una de las hermanas de la madre de los Simpson bebiendo y fumando… en fin, que desvarío… Las horas ya se sabe…
    Es curioso, yo hasta los 18 quería cumplir años… el carnet de conducir, poder entrar donde quieras… a partir de ahí empezaron a sobrarme todos y ya no me hacía ni pizca de gracia cumplirlos… quizás los que peor he llevado han sido los veintimuchos. Sin embargo ha sido entrar en la década de los 30 y empezar a ver la vida de otra forma… ¿Será que he madurado? Un día de estos me caigo del árbol.
    Un e-beso grande y cálido… el de hoy justificado 😉
    Y perdón por el retraso, mi fin de semana fue totalmente analógico 😀

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