Enmiendas al amor

Supongo que se debe a mis últimas lecturas… La cosa es que se me da a conocer la historia de esta mujer totalmente apasionada por un hombre. Tan entregada que, si queda algo de su persona tras darse a él, se trata sólo de un sinfín de elucubraciones acerca del gran amor que le profesa y la complaciente contemplación del mismo…

Y yo teniéndome por vacua… (Por cierto, ¿puede alguien adivinar de qué novela se trata? Absténganse de apostar los que tienen la certeza tras haber conversado conmigo acerca de este tema.)

Claro, me presentan un amor tal —a mí, que ya he comentado, incluso aquí, que se me hace incómodo eso de amar, que querer ya es más que suficiente, casi milagroso— que es, sencillamente, abnegación y, a la vez, incapaz de renunciar a sí mismo, que me confunde.

Así que me propongo pensar en sacrificios factibles y, pensando esforzadamente, llego a la conclusión de que, ahora mismo, por amor, podría dejar de fumar. Sería duro; sería, exactamente, un sacrificio. Sin el inconveniente, además, de renunciar a algo que pueda formar parte intrínseca de mi persona —fumar es algo que hago, es circunstancial; no me hace, no soy—. Nos quedamos entonces con dejar de fumar y así, en un momento dado, yo podría decir, en el caso de llegar a querer a un no-fumador, “le quiero tanto que dejo de fumar como muestra de mi amor por él”. Un momento: se trata de un verdadero sacrificio por mi parte. No es una muestra, es una ofrenda. Igualmente.

Y, sin embargo, me doy cuenta del poco valor que esto puede tener para él porque nunca la parte sacrificada es del agrado de la deidad, sino algo que, a sus ojos, es superficial, accesorio, prescindible. Seguramente molesto. Se trata de una eliminación de inconvenientes maliciosamente negociada —es por tu propio bien; esto te beneficia a ti más que a mí— por parte de ese que tiene la sartén por el mango.

Yo, por mi parte, le pregunto a esa Jaute hipotética: ¿Por qué renuncias al cigarrillo que deseas cada 90 minutos, por una persona tan intocable en su fibra sensible que atenta contra ti exigiendo sacrificios y que dudosamente va a satisfacerte con la misma frecuencia que una dosis de nicotina?

¿Por qué, de todos modos, hay que pagar peaje? Propongo que el amor sea gratuito.

Es posible que yo sea egoísta; o que no necesite perder para añorar; ni sentir que me muero por dentro en su ausencia para poder después agradecer su asistencia. Aunque lo verdaderamente probable es que sea capaz de ser infiel y quererme a mí misma a la vez. Propongo el amor libre y gratuito.

 

Nota: sé que fumar es perjudicial para mi salud.

web tracker

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s