Del estado líquido al gaseoso, con perfecta fluidez

aguaParece lejana la mañana en que desperté y descubrí, mientras me lavaba la cara, que ésta y el agua en mis manos eran la misma cosa y que podían mezclarse y que mis facciones se distorsionaban o que mis ojos humanos no podían distinguirlas con claridad en un medio tan azul como el entendimiento de Michael Mann. Y odiando esa cara deformada por la falta de sol, o por algún componente feliz que mis padres olvidaron incluir en mi dieta, o por un exceso de jarabe para la tos, podía oír a la oruga Carlota haciendo el capullo, cantado la vida es una tómbola, descojonada de la risa. Con todo lo espeluznante que me resulta cualquier “chof” la habría aplastado con un pie, descalzo incluso. Habría usado cualquier violencia abusiva y cobarde para no tener que arrancarme la cara de agua, sin sensaciones, sin superficie, sin mi reflejo mirándome ahí, como siempre, adormecido, medio ausente en esa hora temprana en que me río del último mal sueño, y que miraba entonces hipnotizado el desagüe como quienes miran la calle desde la ventana por la que han de saltar y sienten, por vez primera, el vértigo.

No se ve desde el agua el aire. El aire que he comenzado ya a respirar en más cantidad de la necesaria, el aire que en pocos días comenzará a poseerme, rico en oxígeno y locura, hasta convertirme en altamente inflamable. Y seguiré respirando, cada vez más hondo, hasta sentir que inhalando doblego el paisaje, hasta saber que un suspiro mío alcanza masas; hasta elevarme, sacudiendo puntapiés agradecidos a quienes cuelgan sabios consejos de mis tobillos para que siga rozando el suelo.

Y arderé, quizás, y algún necio me invitará a apagar el fuego con alguna prenda húmeda sin entender que el incendio ha comenzado dentro. O, tal vez, sólo me deshinche del aire desgastado, perdiendo presión, tan paulatinamente que no tendré ocasión de observar el acontecimiento con detalle y ofrecer digno epitafio escrito sobre mis pulmones, vasijas que lo contuvieron durante tanto tiempo como fue posible a mi fuelle interno, a mi válvula de escape.

Sé que prometí obligarme a la condensación tan pronto percibiera que me evaporo, pero es tan mágico ser aire después de haberse ahogado en uno mismo, y tan aburrido tocar tierra. No deseo estar nunca más a salvo de mi naturaleza.

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12 pensamientos en “Del estado líquido al gaseoso, con perfecta fluidez

    • Gracias, Joscuro. No sé qué me ha hecho más ilusión: leer entre estornudos tu febril comentario (lo digo por lo de tus anginas) o recibir tu SMS saludando a Carlota a la 1:00 a.m. Jajaja. Besos griposos para ti.

      P.D.: Veo que has hecho ya de publicista en FB. Sabes que la vergüenza me impedirá comentarlo ahí dentro… Así que, aquí, gracias otra vez.

  1. Es impresionante la profundidas de sus palabras,, es purificante y altamente relajante, un suspiro robado por tan noble contenido,, felicitaciones… Gracias por expresarse..

  2. Pingback: Más sabe el diablo por viejo | Pobre de espíritu

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