La sala de calderas

Sala de calderasEs el nombre de mi espacio. Las cuatro paredes que me encierran, o me protegen, me esconden del mundo cruel. Y tenía hasta ahora esa cualidad de sala de calderas, de maquinaria —de maquinaria vieja y gastada, inútil, reemplazada por los modernos accesorios de la vida de diseño que muestran que quien no se conforma es porque no quiere, que el hogar está en cualquier lugar coqueto, que quien no es feliz es porque no tiene un duro y no porque no quiera— y aquí he pasado ya calor y otras vicisitudes, como no tener el pito Mr Blatant a mano en las poquísimas ocasiones en las que se me pueda olvidar dar lugar a la última micción del día antes de quedarme sopa y perder, casi para siempre, la noción del espacio que me rodea.

Pocholo, noctámbulo él y, sin embargo, horrorizado ante la idea de permanecer despierto toda la noche —de eso le viene la cara de susto adornado con la resignación—, me parecía ulular desde alguna caja olvidada al fondo del pasillo. Me llenaba de remordimientos.Pocholo, el pijo noctámbulo, y Mr Blatant me cubren las espaldas

Pero, ante todo, alrededor de todo, estaba el ruido de la maquinaria indecisa, fría y caliente, de mi vida. Mía. Yo.¿A mi salud?

Los regalitos de mamiY se engrasa mi vida con banalidades: los muñecos, las pinturas, los libros, las fotos, la puerta con el cartel que mantiene al personal no autorizado fuera, las cuatro paredes que, ocupadas con mis objetos, se hacen mías, para encerrarme o esconderme.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s