1000 recuerdos tuyos

y míos.

Los escondo. Los atesoro. A veces los saco de su arca y los repaso, los cuento para asegurarme de que aún los tengo todos, de que ninguno se ha perdido en los frecuentes viajes que realizan de mi memoria a mi corazón en mis estados de carencia. Brillan en la oscuridad, como las lucecitas en los escalones de los cines en los que vimos a Los Goonies salirse con la suya y a Lord Vader confesar yo soy tu padre.

Son muchos recuerdos… El día que observé que el color de tus ojos es tan voluble como tu alma; la carpeta que me regalaste, con el motorista que se negaba a pisar las margaritas, y el estuche (gracias); aquel rodeo de varios kilómetros para que no acertara a ver el cadáver del gatito que podría parecerse al mío desaparecido; el brinco que diste cuando la salamandra se dio de pronto media vuelta; las canastas que me ponías a huevo y yo no encestaba; la música maravillosa que vivía en tu cuarto; tu colección de coches en la estantería; el día que dormimos tres en la misma cama; los spaghetti al vino blanco (angulas los llamaste) de beber vino rosado y de fondo el derbi Espanyol-Barça (no recuerdo quién ganó); tu descripción del culo perfecto ( y de la felación perfecta también, impune descarado), el azul oscuro de tus cortinas; los tropiezos fingidos en honor a la cámara de vídeo; I feel good; una tarde en el porche (quedémonos con cualquiera); cuando pintamos la casa de blanco pero yo no llegaba y tú apenas; las fotos; tu vajilla de boda que se rompió en mi mano dejándome una cicatriz tan leve en comparación con la que a ti te marcaba; las salidas nocturnas en las que me acusabas de ser imán de borrachos (no he perdido práctica); el nombre de tu francotirador, Nacho, y tu nombre en clave (descuida, no lo diré pues sé que nos escuchan); todos los juegos que jugamos; todas tus llegadas y todas tus partidas; cuando te vi llorar; cada vez que te has reído de un chiste que yo contara y cada vez que has sonreído porque estabas bien y aquí, conmigo, llevándome tan lejos, y, cuando estás lejos, dejándome escucharla. Como esta mañana… Dime, ¿como esta mañana?

Si te hice sonreír, ¿me pagarás con más recuerdos?

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