Que me enlunen

Ha sido un lunes para la reflexión. Para colmo, primer lunes del mes por lo que se debe, al menos en mi caso, hacer balance del anterior. Me sale negativo.

Sí, esto debería figurar en un diario o similar, pero no tengo; hace mucho que nadie me regala ninguno. Llevo normalmente encima una libretita; no una cualquiera ya que soy exquisita con mi material de escritorio, pero me robaron (vamos, que no me devolvieron) el último boli chulo, y tampoco me voy a poner a escribir con cualquier cosa, ¿no?

Tengo deformado el dedo corazón de la mano derecha. Ahí está, ya lo he dicho, soy diestra. Soy una mujer diestra que solía escribir a mano y ahora se dedica a caer en las manos de zurdos. Qué caprichosa es la vida. Y, claro, lo de caer en manos de alguien es un decir. Yo me tiro; sin avisar. Unas veces me recogen y otras no. Caprichos de la vida. ¿Me repito? ¿Y qué más da? También la vida se repite.

De todos los días reflexivos el lunes es el que menos me gusta —me lunes, te lunes, se lunes—, prefiero domingarme. Ayer no pude porque sufría una resaca espantosa, de las peores. Intenté beber tanto pacharán el sábado como vasos de ron se tomó él. Quizás el pacharán es más fuerte, más nocivo, pero a mi el ron no me gusta, sólo me gusta cómo le sabe a él. Caprichos que tiene una.

A pesar de todo fui ayer una valiente y me lancé a la gran empresa de salir de compras para conseguir un bikini y volver a casa con un vestido. Un vestido que ahora mi madre dice que no viste. Vaya por Dios. ¿Se me verá desnuda con él? Quizás pueda, en ese caso, usarlo de bikini para nudistas.

No, no me gusta el nudismo. Me gusta dejar algún enigma por resolver. Qué triste es la visión de esas revistas de pasatiempos con todas sus páginas al completo en tinta azul (para que se sepa que esto no venía así de imprenta) con todos sus tachones (para que se sepa que nadie acierta todo a la primera, aunque se podría ser menos impulsivo, menos dado al error precipitado, ¿no?)

El lunes es el día de los escépticos.

—¿Por qué estás tan contenta? ¿A qué viene esa sonrisita?

—No se debe a nada en particular. Me he levantado así.

—Ah, pues si no es por nada, tranquila que enseguida se te pasará.

Todos los lunes acaban irremediablemente en martes, dicen algunos con alegría. A mi me parecen todos los días iguales.

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