Otra cualidad de los mordiscos

—¿Estás bien, Jaute?
—Sí, sí… No ha sido más que el susto y el subidón de adrenalina. Es sólo un rasguño, lo que pasa es que la sangre es muy escandalosa.
—Pero, ¿qué ha pasado?
—Lo de todas las noches: le digo que jugamos con el tren mañana, cuando se despierte y, como no le hace gracia, toma carrerilla por el pasillo haciéndome pensar que va a practicarme un placaje, me agacho un poco para que no me derribe cuando me arree el cabezazo en el estómago y me la da con queso, como siempre, porque lo que hace el condenado es saltar a morderme en el cuello.
—Desde luego… Y qué listo es el niño, ¿eh?, que siempre busca tu punto más indeleble.

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