Encubiertos

Desde el momento en que descubro que siento algo por un hombre le regalo un alias. Incluso si por él sólo siento curiosidad.

Extraña superstición la mía, que me permite mirarle a los ojos pero no mentar su nombre. Por si despierta, por si me descubre pensando en él, por si me adivina y por si se va sin que yo le eche, no vaya a dejar su nombre aquí, en mi vida, olvidado con las prisas, para que yo lo recuerde.

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