En blanco y negro, casi parece un clásico

He estado buscando una imagen que pudiera suspender aquí, sobre mis palabras; que suspendiera mis palabras por redundantes, pero no consigo encontrar una que ilustre y describa aquel momento que yo vi pasar, no frente a mí sino algo por encima pues mi estatura me obligaba entonces a mirar hacia arriba para captar lo interesante.

Y esto fue lo que vi: él y su mano muy oscura se acercaban a su tez blanquísima que ya habían deseado otros. Su piel blanquísima que vestía la de él de negro, y estos dos siempre estuvieron predispuestos al amor por contraste, creedme, que yo lo supe bien después.

Ella no se movía. Observé fascinada el alunizaje de su dedo de carbón en la mejilla de plata, porque, ¿veis?, el no quería mancharle la cara más de lo necesario y usó un emisario sólo, el índice que cambió toda su órbita de satélite luminoso sometido a la caricia de un solo dedo de noche. Qué cobarde me pareció ella, y qué valiente también, entonces y en todos los años que vinieron después me pareció enorme su valentía, su osadía al ser tan ruinmente cobarde con el color de él.

—¿Qué miras?— le dijo ella. Y no era inquisitiva pues sabía bien que él no miraba nada, que sus ojos, si la miraban, eran la excusa negra para ese roce en su mejilla, algo hundida bajo la yema de su dedo y que, me pareció a mí más tarde, sería el surco por el que corrieran todas la lágrimas que ella llorara cuando no pudiera hacer otra cosa.

—Nada… Es que te brillan los pendientes sobre la cara.

—Se dice reflejo.

—Se dice me gusta mirarte yo sólo.

—Por favor, Marzok. La niña lo ve y lo escucha todo.

Y casi no pude perdonarme a mí misma por no ser ciega y sorda, aunque tal vez les habría bastado con saberme muda.

Pero le dio vergüenza a ella, y tanta que al final logró que se avergonzara él, su piel de ébano, su cabello rizado y sus larguísimas pestañas de quererla a ella y su frialdad de mujer demasiado blanca.

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3 pensamientos en “En blanco y negro, casi parece un clásico

  1. Salí durante una año entero, miento, once meses, con un muchacho tostado que hoy es un conocido actor. Yo tenía diecisiete. En aquella época los contrastes pasaban menos desapercibidos que hoy en día…(todos sabemos los porqués). No se si conoces a la de piel de luna, pero yo al menos la comprendo. No te lo ponen fácil.

    • Supongo que sí, que yo mejor que nadie conozco a la de la piel de luna, Circe. Y no, no la comprendo. A ti sí.

      Besos

      PD: ¿Denzel Washington? ¿Wesley Snaps? ¿Sidney Poitier???

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