Secret Santa

Me encantan las fiestas de Navidad de empresa. Sé que soy un caso extraño y que la mayoría de la gente las detesta. Pero creo que se debe a que nunca han visto a la mujer del jefe subida encima de una mesa, bailando, balanceando sus 30 kilos de sobrepeso para el deleite de infravalorados trabajadores que comenzarán a tener en cuenta este extra navideño desde el momento en que ella amenaza con quitarse el sujetador allí mismo, delante de todos los presentes de ojos acuosos, llenos de alcohol, hasta que por fin logra sacarlo, tras forcejear con los corchetes (seis o siete pues ha de tratarse de un Cruzado Mágico con estómago o, directamente, de una faja; no me extraña que a la mujer le moleste), tirando de él por debajo de una manga y después la otra hasta que por fin sale el maldito opresor de masas textil. Entonces lo alza en el aire y le da vueltas hasta que aterriza, a propósito, o accidentalmente si se le escapa a ella de la mano, en la cara del único empleado gay (tal vez el único que salió del armario) que frunce el entrecejo, cierra las fosas nasales sin usar los dedos esperando pacientemente a que mi jefe, el marido de la estrella invitada, esta bailarina exótica-espontánea, venga a rescatarlo.

Él sí se lo acerca a la nariz voluntariamente, gritando Uh, nena, cómo me pones… Me pones a mil.

Además, celebraremos el Secret Santa. Este año lo he organizado yo.

Fui buscando y convenciendo a cada uno de los 30 participantes: sólo 10 euros y es muy divertido.

La recepcionista no; escapó a mis argumentos al preguntar:

—Si mi Secret Santa me odia y me regala algo horrible, ¿qué?

—No sé… No creo, ¿no? Además, ¿qué es algo horrible?

—No sé. Un zurullo de coña; o de verdad. O un bicho muerto o algo así.

Prefiero que la recepcionista no participe. Yo tengo que guardar los regalos hasta que se entreguen a sus destinatarios y no quiero velar zurullos ni bichos muertos.

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2 pensamientos en “Secret Santa

  1. Hola Jautelina!!

    Ya tenemos otra cosita en común, a mí también me encantan las cenas de empresa… aunque en la mía no hubo baile exótico por parte de ninguna fémina.

    Lo cierto es que me parecen estupendas y muy catárquicas pues por un día, aunque solo sea uno, puedes ver en el supremo de turno (que es como llamamos coloquialmente a los jefes donde yo trabajo) una pizca de humanidad que lo iguala (o por lo menos acerca) a tu nivel que si bien solo es un día ya sirve para, de vez en cuando, mirarlo con otros ojos durante el resto del año.

    Lo cierto es que el director de la empresa donde estoy aguantó estoicamente a toda la panda de cada vez mas alcoholizados trabajadores e incluso bebió del porrón como uno mas del redil y tan solo torció un poquito el gesto en una mueca ligeramente compungida cuando le pasaron “la dolorosa”.

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