Nuestros padres son leyenda

Gonzalo es supervisor. Por esta razón tiene dos monitores justo sobre sus ojos; en uno controla los valores de producción, las fechas de embarque, los pagos y distribuye nuevos pedidos conforme a su prioridad; en el otro la velocidad de comando de Adriana, su media de errata por hora y su factor de aprendizaje por error. No va bien; hace ya 104 horas que la han trasladado desde el departamento de reproducción. La reinserción en el departamento de análisis es siempre difícil pero en el caso de Adriana, que ha obtenido varios premios en los últimos dos años por méritos en calidad de reproducción, menopausia retrasada y, finalmente, por número de embriones, parece un reto demasiado grande. La mujer tiene 57 años y está agotada.

Además, Gonzalo se siente ofuscado sin Óscar, su mano derecha, su ayudante y, algún día, su sucesor. Pero le tocaban ya una vacaciones en el departamento de reproducción. 36 horas desde que partió; 72 más hasta que vuelva. Gonzalo cuenta las horas y las erratas de Adriana. Se desespera y decide sacudirle una descarga. Una pequeña, para que aprenda.

Al fondo, 27 metros y unas 13 hileras por detrás  de la celdilla de Gonzalo, Adriana recibe la descarga, la reprimenda, con humildad y buen humor. Desde luego, tendrá que mejorar en las próximas 5 horas; cada una de las descargas interrumpe el suministro de alimento intravenoso durante 50 minutos. Si continúa así su cerebro dejará de recibir la glucosa necesaria para mantener una velocidad de comando adecuada y Gonzalo seguirá enviándole más descargas y entonces… Bueno, todos conocen la política de la empresa; al fin y al cabo ella no sería la primera madre que muriese tras un brillante servicio en el departamento de reproducción, por una crisis hipoglucémica en el departamento de análisis.

Alto. Un mensaje del gerente. Qué afable su rostro en todos los monitores auxiliares. Quizás ofrezca un descanso por una jornada especialmente productiva o tal vez vaya a anunciar un intercambio entre trabajadores de distintos departamentos —qué buenos superiores hay en la empresa que siempre intentan ubicar a los trabajadores allí dónde rendirán mejor servicio— o tal vez alguien haya ganado unas vacaciones con las madres.

—Atención todos: como ya sabréis por los informativos de vuestros monitores auxiliares, se ha producido un desastre natural en nuestras costas. Esto ha provocado la pérdida de buena parte de nuestro stock. Por este motivo vamos a doblar turnos. Celdas 529 hasta 896, pasaréis al turno secundario por lo que debéis parar de trabajar ahora mismo hasta vuestra reincorporación laboral en tres horas. ¿Alguna pregunta o comentario?

—Sí, director— se atreve Gonzalo, cuyo equipo estaría ahora incluido en el turno secundario —si nos vas a poner en idle, ¿no contarás antes un cuento como otras noches?

—Está bien; pero uno breve.

—Queremos saber de nuestros padres, por favor, director— se solicita desde la celda 723.

—Muy bien. Acerca de nuestros padres entonces.

Los soportes de los empleados dentro de las celdas 529 a 826 cambian su ritmo de drenaje para hacerse algo más lento; los monitores de análisis se apagan de forma automática, las luces se tiñen de azul oscuro y cesan pitidos y alarmas. Sólo puede oírse la voz del gerente:

—Nuestros padres eran muy inteligentes: llegaron a un mundo en crisis en el que la economía se basaba en un intercambio de cifras desde el monitor de un banco hasta el monitor de otro banco. Se especulaba con dinero… Ya veis qué mundo. Pero nuestros padres inventaron la superproducción y lo cambiaron todo. Hicieron desaparecer los contratos basura (ya os conté en Halloween lo que representaban esos contratos y os hablé de las leyes que los respaldaban). Acabaron con el desempleo y las diferencias sociales. No fue fácil al principio, ¿sabéis?, nada fácil…

—¿Cómo lo lograron?

—Leopoldo, ya deberías haber entrado en estado 1… ¿Cómo lo lograron?… No se sabe bien; fueron genios… A mí me contaban cuando trabajaba en este departamento, mucho antes de mi primer ascenso, que nuestros padres llegaron en la bodega de un buque de carga, acompañados por telares y máquinas de coser, trabajando noche y día en la producción de un pedido de 100.000 vestidos que el inepto del gerente para el que trabajaban se comprometió a terminar y embarcar bajo durísimas sanciones impuestas por una de esas retrógradas cartas de crédito y que, siendo incapaz de cumplir los plazos, decidió usar también el mes de travesía marítima. Pero bien prodría tratarse de una leyenda….

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4 pensamientos en “Nuestros padres son leyenda

    • Nuestros padres acaban los vestidos justo cuando el buque atraca en Valencia; en el puerto de Alicante no se comen un rosco; los estibadores van a la huelga. Gana el PP y echan a los chinos justo cuando ya estaban a punto de desembarcar; la importadora textil, que había invertido todo su capital en los 100.000 vestiditos se va a la ruina porque ya están pasados de temporada; todos sus trabajadores se van al paro excepto el comprador que se erige como gurú de estilo y consigue un contrato como asesor en Sálvame; los chinos, que se habían quedado en Mallorca, se unen al 15M/15O, lo militarizan e instauran la república; nos convierten en superproductores de arroz; como el mundo está superpoblado y el arroz sale bien de precio la gente no come otra cosa; dejan de defecar y por tanto no necesitan estar en casa por la mañana, pueden trabajar más horas; a alguien se le ocurre sintetizar el arroz para convertirlo en simple glucosa.

      Adriana muere. La empresa se ahorra el finiquito y el gobierno la jubilación.

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