Que el Gran Genoma nos bendiga a todos

Cena-navideñaA la nenita, Violeta, de unos seis o siete años, se la habría confundido fácilmente con aquélla del abriguito rojo que salía en una película muy, muy antigua, que algunos se empeñaron en catalogar como clásico, pero que la mayoría de vosotros no habréis visto. Y sólo por el color de su abrigo. En cuanto a su madre, que tiraba de ella entre los maravillados viandantes, las orquídeas, los cristales Swarovski, espumillón y guirnaldas y un sinfín de precoces decoraciones de Beldad—pues habían asomado sus naricitas respingonas toda clase de tallas a principios de noviembre— ésta habría podido confundirse con cualquiera de nuestras bellas, cívicas, ejemplares ciudadanas.

—Mamá, ¿qué es un podre?

—¿Un podre?… Hum… No sé, hija. ¿Qué es un podre? Sigue leyendo

Me jodió el final de Luces rojas [spoiler] y los gurús de cualquier clase me la traen floja

Hola. Me llamo Jaute y soy escéptica. De nacimiento. Lo que viene a significar que por mí no hay nada que se pueda hacer. De niña fingí creer en los Reyes Magos por miedo a una bofetada de mi padre, que no se tomaría a bien mi falta de fe tras haberse gastado los cuartos en mis juguetes y haber tenido que reptar con ellos por la ventana para que yo no le viera. El primer año de Reyes, cuando tenía menos de dos años pero ya sabía hablar, al ver todas las muñecas que más tarde decapitaría por aburrimiento y crueldad infantil, insinué a mi madre que creía que habían tomado algunas de las que ya rondaban la casa con anterioridad para exponerlas junto a las nuevas y hacer más bulto. Mi madre se ofendió y me llamó tonta: —pero, hija, tú estás tonta— me dijo —te las han traído los Reyes. Sigue leyendo