Charla motivacional navideña a los empleados de Muchinacional, S.A.

Hendrix—Buenas tardes a todos. Me llamo Jesús, como ya sabéis todos los que hayáis leído la convocatoria y el cartelito de la entrada…— se oyen risitas entre los asistentes. —Ante todo, me gustaría agradeceros vuestra presencia; me parece admirable que vosotros, después de toda la jornada de trabajo, que estaréis deseando llegar a vuestras casas o que, casi con toda probabilidad, tenéis planes más atractivos para la tarde de un viernes, como, por ejemplo, ir a ver El Hobbit… qué genio el Jackson, ¿eh?… —murmullos de aprobación— Aunque con los precios que tiene ahora ir al cine… —gestos de asentimiento por parte de todos los participantes— En fin, que éste es vuestro tiempo y aquí estáis prestándomelo y yo, sinceramente, os lo agradezco. Hace un momento he estado hablando con José Linares —la sala responde con aplausos aclamando el nombre de Pepe: ¡Peeeeeeeeeee-pe, Peeeeeeeeee-pe!—, pues sí, con el mismísimo Pepe entonces… Pues eso, que hace un momento hablaba con él y me comentaba que, de un tiempo a esta parte, se ha establecido en la empresa una política formativa en la que, orgullosamente me lo comentaba, estáis tomando parte voluntaria y…. Multitudinariamente. ¡Wow! ¡Qué maravilla de equipo! O sea que, básicamente, tenéis que hacer un sorteo para ver quiénes son los afortunados en asistir a cada sesión. Bueno, esto es sencillamente admirable, así que quiero que os deis un fuerte aplauso…. —la sala aplaude y el aplauso se confunde con su propio eco convirtiendo las 66 manos en 200. Algunos silbidos estridentes. Pepe Linares, sentado tras la línea del ponente, al lado izquierdo, se levanta un momento de su silla y, usando sólo las manos, solicita que cese el escándalo, sin embargo no está molesto. Sonríe lleno de satisfacción. —Estupendo… No quiero abusar de ese tiempo vuestro así que vamos a ver si conseguimos haber salido todos de aquí a las ocho. Tampoco quiero ser un coñazo y llenaros la cabeza de conceptos teóricos que no nos llevan luego a ninguna parte, así que me he traído la chuleta y un PowerPoint…

En la tercera fila, cerca del flanco derecho, Silvia le comenta horrorizada a Rocío: —¿Powerpoint? No me jodas… Otro tipo que no tiene ni idea. ¿Cuándo comenzarán a venir los formadores con algo de formación, capaces de usar el Prezi? Supongo que ya me habré jubilado.

—Mujer, el Powerpoint es bastante más complicado de usar que el Prezi.

—Vintage.

—Puede que lo haya hecho con la versión 2010.

Ambas ríen en voz baja y, cuando se agota la gracia de su chiste, dirigen de nuevo su atención a Jesús.

—…por eso el primer punto será el de la inteligencia emocional, que como veis he puesto aquí en esta “esleit” bien grande, en mayúsculas todo. Pero, ¿qué eso que llaman inteligencia emocional? ¿Alguien aquí lo sabe?

Sin alzamientos de mano, sin presentaciones, sólo una vocecilla dice: —consiste en saber reconocer tus propias emociones para controlarlas y lograr un estado de armonía contigo mismo, ¿no?

—No; la armonía con uno mismo la puedes conseguir con un buen porro, con unas comisiones que te permitan comprarte la casa que quieres o bien pagarte un crucero o la terapia a la que sin duda te han arrastrado los conflictos éticos que experimentas desde que trabajas aquí— la sala entera se mueve en el asiento, como si a todos les hubieran dado un pellizquito en el culo. Iñaqui se arrima a María para susurrarle que le encantan los ponentes cañeros que le obligan a cuestionarse. —La inteligencia emocional sirve para que uno no vaya de sociópata por la vida, para haceros capaces de establecer juicios de valor, para que no enviéis al Señor del Frac a hostigar al pobre desahuciado, y esto…

—Pero nosotros— interrumpe Sofía, de RRHH, intentando salvar su puesto de trabajo; ella ha recomendado al ponente tras haberle escuchado con anterioridad en eventos públicos— nos ganamos la vida cerrando acuerdos, vendiendo, moviendo dinero, es gracias a personas como nosotros que existe todavía un PIB, y los coaches que nos han hablado anteriormente nos han enseñado que…

—Os han mentido, querrás decir— le contesta Jesús. —A ver, ¿cuántos aquí tienen la conciencia tranquila?

Detrás de la línea del ponente, al lado izquierdo, Pepe Linares alza una mano, con su habitual gesto afable, e invita, con la otra, a los asistentes a alzar la suya. Iñaqui insiste pegado a la oreja de María: —Es genial el tío este; esto es una técnica muy buena: nos enfrenta a nosotros mismos, nos desmonta, para luego demostrarnos que nuestra obligación es la de cumplir nuestros objetivos sin dudar, ya veras—. La sala, en general, tras observar a tranquilidad de Pepe, vuelve a relajarse un poco. Todos alzan la mano.

—O sea, que sois unos inmorales. Ahora me diréis que también está bien ejecutar hipotecas, que vuestras ínfimas conciencias se conforman con las donaciones a Caritas.

—Efectivamente— comenta con orgullo Pepe —nuestras donaciones son numerosas y cuantiosas; ahora mismo estamos preparando una campaña para la donación del 0,01% de nuestra facturación a los albergues de la ciudad para que…

—¿El 0,01%?— pregunta Iñaqui tras sacar la lengua del oído de María; este año se la tira en la cena de navidad sí o sí. En los aseos, si es necesario— eso es lo que me pagas a mí, Pepe, y me habéis dicho que me lo vais a reducir al 0,0075 por no llegar a objetivos. Si podemos hacer tamaña donación deduzco que os podéis permitir pagarme la misma mierda de siempre o, ¿es que soy un caso de caridad menos provechoso según el departamento de marketing?

La gravedad, la oportunidad y la prioridad jerárquica suben, en ese preciso instante, dos puntos, atrayendo un plafón que cuelga flojo del techo y obligándolo a caer sobre la cabeza de Iñaqui, que queda eliminado para siempre del organigrama de Muchinacional, S.A. y de la vida misma, dejando a María desconsoladamente liberada del habitualmente poco memorable sexo de cena navideña de empresa. Grita y llora haciendo visible su ataque de ansiedad y los trozitos de cerebro de Iñaqui adheridos a su flequillo a tantos como puede, y se felicita cuando Pepe le hace una señal indicando que puede marcharse. Ella sí había planeado ir a ver El Hobbit.

—Bueno— prosigue Jesús —este interesante debate nos lleva directos a mi segundo punto: La empatía.— De nuevo, la presentación consiste en un fondo blanco con la palabra empatía en mayúsculas y en negrita.

Sofía se levanta de su asiento para llamar la atención de Jesús antes de preguntar: —perdona, pero tú, ¿qué formación tienes? Quiero decir que yo te recomendé a Pepe porque asistí a una charla tuya que me gustó muchísimo pero ahora tengo serias dudas…

—Soy formador ocupacional.

—Ya, vale. Pero, ¿de qué vas? ¿Cuál es tu discurso? ¿Qué nos estás vendiendo aquí? Motivación no, desde luego.

—Mi mensaje, ¿Te preguntas cuál es mi mensaje? Pues que os améis los unos a los otros como hermanos; que seáis puros de corazón; que conciliéis la vida profesional con la familiar y, lo más importante: que aprendáis a desconectar.

En ese momento el Sr. José Linares, más conocido como Pepe, se lleva la mano derecha a la garganta, estira el dedo índice igual que el arco de un violín emitiendo una nota acústica inaudible. Alguien al fondo de la sala tira de una palanca que libera el proyector sobre la cabeza de Jesús, que no volverá a dar una charla nunca más.

Pepe se acerca al estrado y anuncia: como todas las tardes de formación, nuestros compañeros de mantenimiento han preparado un piscolabis en la cafetería; en esta ocasión, por estar casi en navidad, se ha incluido en el menú, además, unas bandejas con turrones y algo de ponche. Les damos las gracias por el detalle con un aplauso y a merendar.

Nadie se va corriendo a conciliar ni a desconectar. Está mal visto ser el primero en marcharse sin probar los canapés y sin comprobar el correo electrónico una última vez.

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